jueves, 31 de enero de 2013

Soneto nocturno (9)


El negro la viste con terciopelo
y la luz se deshace en su mirada.
Lo rojo se derrama entre sus senos
mientras las sombras se llenan de ansia.

De verde se nos cubren nuestros besos
con la caída del sol en tu manta
y en gris se revitaliza el momento
que en la distancia me trae tu palabra.

La noche fluye en su ritmo constante
llevando el color al mundo del sueño
y un roce lejano entre los amantes

que es gris, es verde, es rojo y es negro,
brota feliz al caer ya la tarde
para enraizar profundo entre sus cuerpos.

viernes, 18 de enero de 2013

Soneto nocturno (8)


Se juntan los dos en la oscuridad
entre el aleteo de mariposas,
el roce de los besos en sus bocas
y contemplan sus almas como el mar,

agitadas y revueltas las olas,
la tempestad del deseo fugaz,
la dulce llamada de lo carnal
como el agua que acaricia las rocas.

Las rocas que se alzan de la tierra,
la tierra que se hunde entre sus valles,
los valles que se funden con la arena

donde crean con sus cuerpos el baile
del placer, del orgasmo, de la hoguera
que dicta sus ritmos bellos, salvajes.

lunes, 14 de enero de 2013

Soneto nocturno (7)


Ululan las luces secos sonidos
que rasgan y rompen turbios secretos,
manos ansiosas de roces discretos,
dulces adornos durmiendo perdidos.

Se rozan las horas, suenan chasquidos,
se besan obsesos vanos objetos,
tristes recuerdos que no paran quietos,
tiempo que atrapa sin fe los sentidos.

Duerme ya el pobre afuera en el frío,
(silencio en las sombras) calla el reproche,
(silencio en el puente) rostro de hastío.

Nombres innatos que son como un broche,
adverbios banales, signo vacío,
los verbos nos mienten más que la noche.

sábado, 12 de enero de 2013

¡Qué corra, déjalo que corra!


Quiero escapar del aluminio,
huir de las verjas de acero,
dejar atrás las petroquímicas
y de día acosar al viento
tomando para mí su sombra.
¡Qué corra, déjalo que corra!

Quiero dejar las carreteras,
huir de las naves cromadas,
salir del reino de las tejas
y de noche buscar las hadas
perdido por entre las frondas.
¡Qué corra, déjalo que corra!

¡Qué corra, déjalo que corra
por entre los campos y las flores
sobre el aire y entre las olas,
escapando de los camiones,
huyendo de las licuadoras,
dejando en libertad las horas!

¡Qué huya, déjalo que huya
hacia las nubes, hacia el cielo,
que se diluya entre la bruma
dejando tras sí el momento,
huyendo de los madrugones,
escapando por los balcones!

Quiero escapar de la rutina,
huir de los meses vacíos,
dejar atrás toda atonía
y de noche abrir los sentidos
para ser música y ser obra.
¡Qué corra, déjalo que corra!

Quiero dejar la redundancia,
huir de lo que ya he vivido,
escapar del sueño que mata
y florecer junto a un río
para ser oda, verso, canto,
un centelleo entre los rayos.

miércoles, 9 de enero de 2013

Soneto nocturno (6)


Llega ya la larga noche donde ilusiones y sueños
siempre parecen perderse en la oscura lejanía,
donde ya nadie responde, donde se pierden las guías
y los proyectos perecen sumidos en el invierno.

Llega ya la oscura hora de las preguntas perdidas,
de oportunidades vanas consumidas en el fuego,
donde los noes se tocan, donde del sí yo reniego
y me hundo en mis legañas negando la luz del día.

Y llegando este momento de los pesares eternos,
¡rompamos con la rutina que asfixia toda esperanza
y sigamos en la lucha con renovados esfuerzos!

Pues el futuro es nuestro si aceptamos la sonrisa
que nos cede como nunca nuestro destino travieso,
¡dejemos atrás la nada, seamos el mundo entero!

Soneto nocturno (5)


La noche tiene mil ojos que nos ocultan las estrellas
con un gran velo dorado y una negra turbación.
Tiene también cuatro rostros y un oscuro corazón
palpitando sin descanso y anunciando cien querellas.

Un rostro tiene de pena, otro rostro de canción,
que se miran en sus brazos apurando las botellas
en las horas que reflejan las emociones más bellas:
el anhelo del verano, esa triste sensación.

Otro rostro, soledad; y por último, el amor;
estos se callan al vernos, por sus palabras guardar,
por no dar a los amantes ni un atisbo de verdad.

Ella sigue siempre igual sin importarle la edad,
en su vuelo sin motor surca infinitos los mares,
avanza en el firmamento, y lo que sea, será.


martes, 8 de enero de 2013

Soneto nocturno (4)


Si tu suave piel fuera recorrida
en esta hora por mis sencillas manos,
si tu risa me estuviera abrazando
y en el abrazo se uniera a la mía,

si tus pies trazaran el sutil arco
de la belleza, de la vida misma,
y tus pestañas cruzaran la sima
que se desvanece hacia mis labios...

esta noche no acabaría nunca
envueltos en el placer de los besos,
del sudor que se desliza en tu nuca

y baja para enredarse en tu pelo.
Esta noche no acabaría nunca
pues nunca se acabaría el deseo.